
El mundo actual está cada vez más globalizado, razón por la cual una buena comunicación entre los distintos idiomas nunca había tenido tanta importancia. Tanto si eres un particular, tienes una pequeña empresa o formas parte de una gran compañía, es fundamental que traduzcas tus contenidos con exactitud y como es debido.
Una de las opciones más comunes son las agencias de traducción, dado que tienen una apariencia muy profesional y parecen capaces de gestionar todos los puntos de un proyecto, desde la traducción, la revisión, el subtitulado u otros servicios tradicionales de la traducción, hasta aspectos técnicos que es muy cómodo que otra persona gestione por ti (como extraer el texto traducible o gestionar una API).
Sin embargo, aunque las agencias de traducción suelen parecer una opción muy cómoda (dada su capacidad para ofrecer toda esa gama de servicios y distintos idiomas), estas facilidades pueden venir a expensas de la calidad, la coherencia y la atención al detalle.
Veamos algunas de las limitaciones más significativas de las agencias para ti, como cliente.
Intrusismo y traductores no profesionales
Uno de los principales problemas que implican las agencias de traducción es su predisposición, cada vez más frecuente y amplia, a trabajar con traductores no profesionales. Es habitual que las agencias contraten a freelancers que no cuentan con las cualificaciones necesarias ni la experiencia recomendable. La mayoría de las veces, aportar un certificado de conocimiento básico de un idioma es más que suficiente para que una agencia contrate a un candidato, a quien no se le requerirá ningún tipo de educación oficial ni conocimientos especializados.
Ni que decir tiene que conocer un idioma (o hablarlo de forma más o menos fluida, en el mejor de los casos) no es ni remotamente suficiente, y esta falta de preparación profesional sin duda socavará la calidad de la traducción.
Proyectos con varios traductores y lo mucho que ello afecta a la coherencia y la calidad
Otra limitación de las agencias de traducción es la costumbre que tienen de asignar a varios traductores a un mismo cliente o proyecto, especialmente en el caso de los trabajos más extensos o los proyectos urgentes que deben entregarse para ayer. Aunque esta «solución» puede parecer práctica, ya que se adapta a fechas de entrega ajustada, cada uno de los traductores usa sus propios estilos y preferencias, e interpreta la terminología a su manera; todo ello deriva en una importante falta de coherencia en el proyecto en su conjunto, y genera graves incongruencias en el producto final.
Imagina que quieres encargar una pintura. Pero tienes prisa, así que divides el lienzo en varias partes y das cada fragmento a un artista diferente, con la intención de volver a unirlo todo al final. Cuando vuelvas a montar el lienzo, acabarás con un amasijo inconexo de estilos, colores y técnicas.
Algo muy similar ocurre cuando se divide una traducción: el tono, la expresión, el estilo y la terminología varía de una sección a otra. Esta falta de coherencia confundirá al usuario final y debilitará el efecto del mensaje, lo que posiblemente acabe dañando también a la propia marca.
Esta costumbre es práctica habitual en las agencias, y no solo en los proyectos extensos, sino también en los distintos proyectos que va encargando un mismo cliente: el traductor con el que vas a trabajar esta semana no va a ser el mismo que el de la semana pasada. Pero tu contenido sí que sigue siendo igual, ¿o no?
Excesiva confianza en la IA, lo que limita la calidad
Recientemente, y cada vez más, muchas agencias de traducción recurren a la IA y a la traducción automática para abaratar costes y acelerar las fechas de entrega. Esta estrategia puede parecer eficiente a simple vista, aunque suele poner muy en riesgo la calidad de las traducciones. Las traducciones generadas automáticamente no siempre tienen en cuenta los matices, el contexto cultural ni la terminología especializada, lo cual deriva en expresiones que suenan raro, traducciones poco precisas y pérdida de significado. Los clientes que confían en estas traducciones suelen acabar recibiendo un producto mediocre que daña su imagen de marca o que no transmite bien un mensaje importante. A pesar de sus facilidades, esta práctica resta importancia a la habilidad humana que hace falta para producir traducciones precisas y de calidad.
Mecanismos de gestión de la calidad poco eficientes
Las agencias de traducción, especialmente las más grandes, suelen vérselas para supervisar la calidad. Este problema está muy relacionado con la primera de las limitaciones que hemos visto: la costumbre de las agencias de contratar traductores no profesionales (ya que salen mucho más baratos).
Cuanto más grande sea la agencia, más traductores poco cualificados tendrá y menos eficientes serán sus controles de calidad. Que revise y le ponga el sello de calidad a tu proyecto una persona que «chapurrea más o menos» el idioma de destino no es la mejor de las ideas. Por otra parte, más y más agencias se apoyan excesivamente en procesos automáticos de control de la calidad, una práctica cada vez más habitual que carece de la capacidad básica de detectar sutilezas como el contexto cultural, el tono o las expresiones idiomáticas. Esta limitación baja mucho la calidad del producto final, y hace que sea mucho más probable que algún error se cuele por una grieta del sistema.
Ventajas de recurrir a un traductor independiente
En contraposición con los métodos de las agencias de traducción, contratar específicamente a un traductor profesional implica un buen número de ventajas, especialmente en lo referente a la calidad, la coherencia y la fiabilidad.
Educación formal y experiencia profesional
Uno de los principales puntos a favor de colaborar con un traductor profesional es que, muy probablemente, se habrá especializado en estudios oficiales de Traducción en la universidad (siempre puedes buscar a un traductor con formación, o preguntar a tu traductor si tiene credenciales). Esta educación formal aporta un conocimiento muy extenso de la profesión y permite trabajar las aptitudes necesarias para ofrecer un producto fiable y profesional.
Resultados de calidad y atención al detalle
Un traductor freelance te dará toda su atención. Los traductores independientes tienen muy buenos motivos para esforzarse todo lo posible, dado que su reputación depende de ello. A diferencia de las agencias de traducción, en las que diversas personas participan en un mismo trabajo, un traductor independiente gestiona todo el proyecto. Esto le permite profundizar en todos los detalles y centrarse en la coherencia, además de asegurarse de respetar todos los requisitos del cliente.
Experiencia concreta en ámbitos específicos
Además de sus cualificaciones académicas, muchos traductores autónomos se especializan en campos muy concretos, como la traducción legal, las campañas de marketing o los contenidos tecnológicos. Gracias a esta especialización, el traductor estará muy familiarizado con el vocabulario y conocerá el tema bastante a fondo. Además, seguramente utilizará sus glosarios personales, unas memorias de traducción bien pulidas y otros recursos provenientes de todos esos clientes y proyectos anteriores.
Coherencia entre los distintos proyectos
Puedes llevar un paso más allá el consejo que te da este artículo y empezar a trabajar con el mismo traductor en todos tus proyectos: esto te ayudará a conservar un tono, estilo y uso constante de la terminología a lo largo de todo el proceso, no solo en los proyectos a nivel individual. Por tanto, tu producto final será más profesional y estará mucho más pulido, lo que reforzará la reputación de tus contenidos y de tu marca.
Comunicación directa y el toque humano
Los traductores autónomos suelen ofrecer unos servicios más personalizados que las agencias de traducción. Cuando trabajas con un autónomo, puedes hablar directamente con la persona que está traduciendo tu contenido, y no con uno de los llamados project managers ni, lo que es peor, un gestor de cuentas que no tiene ni idea de traducción. Con un autónomo podrás hablar directamente de todo aquello que necesites o que te preocupe. Esta comunicación directa se traduce en respuestas más rápidas a las preguntas que puedas tener, una mayor flexibilidad y la posibilidad de establecer una relación profesional que tenga unos buenos cimientos de comprensión y confianza mutuas. Esta interacción tan personal posiblemente también se hará evidente en que el traductor se tomará su tiempo para comprender bien tu contexto y el propósito de tu proyecto, por lo que recibirás un producto final mucho más fiable y cuidado.
Buenos resultados con el producto final
Al final, toda la calidad, la coherencia y la atención al detalle que aporta un traductor profesional autónomo deriva, como es natural, en una traducción de mayor calidad. Y no solo tu usuario final (ya sea un consumidor, un cliente o un socio) recibirá una traducción más fluida y fiable, sino que las propias empresas verán un claro efecto sobre la percepción de su marca, ya que la buena calidad se nota.
En resumen, aunque las agencias de traducción puedan parecer una elección más cómoda, las desventajas (como su uso de traductores no profesionales, la falta de coherencia o no poder hablar directamente con el traductor) pueden afectar en gran medida al resultado final. Y lo que es más, las agencias suelen ser mucho más caras.
Por el contrario, un traductor profesional autónomo ofrece más calidad, coherencia y experiencia. Su formación especializada, su atención al detalle y la gran diferencia de que gestione personalmente todo tu proyecto te garantiza un proceso más cuidado y fiable. Y además, seguramente harán todo eso por menos dinero que una agencia. ¿Acaso necesitas más buenas razones?
